Fernando Marichal

Lic. Fernando Marichal

Comunicador - Desarrollador

La mentira del periodismo comprometido

En el periodismo, así como en el resto de los órdenes de la vida hay distintos tipos de compromiso. Puede haber compromiso comprometido con los anunciantes o con el ecosistema o con los duendes de Marte. Pero hoy me interesa hablar del compromiso que normalmente las personas entienden como social.

Podemos entonces decir que una persona tiene compromiso (o responsabilidad) social cuando intenta ejecutar ciertas acciones para el bien de todos.
Hasta aquí todo va bien, es fácil querer que se salven a las ballenas o que las personas no sean discriminadas por razón alguna. El problema entonces está en el otro extremo, o sea, el grado de compromiso que una persona posee según sus acciones.
Día tras día hay un batallón invisible de personas que se levantan temprano, arman la mochila y se van a ayudar a otros. Se meten en el barrio más pobre, en el cantegril más sucio e intentan que los otros estén lo menos peor posible. Pero también hay más personas que hacen su esfuerzo, como doctores que atienden gratis, o dentistas que ayudan a otros sin recibir nada a cambio. Sin embargo no todas las profesiones son iguales. Mientras que la mayoría colabora fundida en el más oscuro de los anonimatos, los periodistas no pueden hacer eso y la razón es sencilla: la llegada más fácil del periodista a las personas ocurre por quién es y no por lo que hace. En otras palabras, una nota escrita por un famoso periodista será leída por muchísimos individuos (no importando lo buena o mala que sea) mientras que si quien escribe es desconocido probablemente no sea leída por nadie.
El periodista entonces (cuando intenta hacer un trabajo comprometido) debe usar su nombre para que más personas tomen conciencia de los problemas sociales más profundos y difíciles. Todo parece correcto pero inmediatamente aparece un factor que no estaba en el radar, que es: el nombre del periodista -después de su entrega social- ahora también aparece vinculado con ese tipo obras.

Por lo tanto, lo quiera o no, el periodista termina sacando provecho de esa situación.

Y si además de eso cobra por lo que hace cuando encara ese “periodismo responsable” mucho más difícil todavía.
Cuidado, porque está bien que la gente cobre por su trabajo, está en todo su derecho y no lo critico en absoluto, pero es indispensable subrayar que los grados de responsabilidad y de compromiso, en un caso y otro, son tremendamente distintos. El periodista saca doble ventaja cuando su trabajo es “comprometido” y si lo comparamos con, por ejemplo, un doctor o un maestro, completamente anónimos, vemos que las consecuencias de sus trabajos, las cosas que ganan por hacer lo que hacen son muy distintas, casi hasta opuestas.
Empezamos a hablar de algo así como compromiso cuando el periodista intenta generar conciencia y se esfuerza por un futuro mejor, pero ese compromiso juega en una liga diferente que el otro, es un compromiso amateur, un esfuerzo (valioso a su manera también, por supuesto) que de fondo lo beneficia y lo ayuda en su carrera. Y más todavía cuando después de eso se lo premia. Está bien que se premien ese tipo de cosas, pero no nos olvidemos que sigue siendo un compromiso del tipo menos sacrificado. Y menos si cobra un sueldo por eso. Otro sería el cantar si día tras día ese periodista se levanta y se mete en los mismos lugares que los asistentes sociales y colabora en silencio, en esos casos me levanto y aplaudo, pero el otro, el que escribe (o habla por radio) tranquilo, desde la comodidad de su computadora (o micrófono) está haciendo algo noble, sí, pero en el fondo es algo que termina repercutiendo en su propio beneficio profesional.
Por lo tanto: 1) me dan lo mismo los periodistas que cobran un sueldo por hacer sus notas con fines sociales, sigan así, el país los necesita. 2) respeto a los periodistas que intentan hacer un bien social sin recibir ninguna remuneración a cambio. 3) siento admiración por aquellas personas que realmente no ganan nada, solo hacen en silencio y a la oscuridad, un sinfín de obras benéficas para que la sociedad esté un poquito mejor.